Nos ponemos la mascara un día mas…
Sometidos bajo el peso de las miradas sobre el rostro.
Reímos y saltamos.
Aun que el momento nos quiera hacer llorar y caer…
Llegamos a casa, perdidos y agotados, pensando en quitarnos el peso de aquella mascara de piel y prejuicios…
Solo para encontrarnos ante el tormento de otra persona, atada también ante aquellos que se hacen llamar “sociedad”.
Sufrimos por la tonta costumbre que nos inculcaron…
La misera costumbre de vernos a través de los ojos de los demás…
Para ver la mentira perfecta,
Aquella que fingimos ser, la que tanto nos daña y la que deseamos ser por el peso de los demás.
Nunca nos miramos ante un espejo…
Para ver con nuestros propios ojos, la realidad tan bella que somos sin todos esos complejos…
Felices sin algo o alguien que nos ate a la vida que no quisimos.
Pero no…
Atados esperamos la primera oportunidad en que la cuerda y la mascara se aflojen lo mas mínimo…
Para correr, correr libres, sin mirar sobre nuestro hombro al pasar frente a cualquiera.
Para entonces y solo con un poco de valor…
Poder llorar cuando tus ojos lo piden, no cuando nadie mira y no pueden consolarte.
Reírte del silencio incomodo, a pesar de la mirada mortificante que de inmediato se posara sobre ti.
Amar, aun en tus peores momentos.
Por que no hiciste nada para merecer estar solo.
Se libre,corre aun cuando los demás se aten y caminen…
Vidas tendrás muchas, tal vez no las recuerdes…
Pero date el placer de hacer el vago en una.