En el momento en que el ego invadió mi cerebro por completo decidí ese mismo día de clases que me convertiría en escritor, uno de los grandes, uno al que inmortalizarían por siglos y que después se convertiría en una leyenda en el campo de la escritura.
Con esos sueños reflejados en los ojos, ignore por completo la clase que venia después de receso para crear mi primera “colección de poemas”, titulada “En horas tristes”.
Una colección de “Mini-poemas”, que mas que eso, eran desastres sin son ni ton, pero que sin embargo, debido supongo a las jóvenes mentes que me rodeaban en aquel salón de clases fue mi primer y creo que único éxito en el ámbito de la escritura, hasta el dia de hoy no e escrito algo que lean mas de 10 personas y en aquella ocasión la leyeron, nada mas y nada menos, que 50 personas.
Yo estaba anonadado, debido a ese rotundo “éxito” gane fama en mi salón, prontamente esa misma semana, también era conocido por mas compañeros de la escuela.
En mi papel como adolescente ese reconocimiento elevaba mi ego, llegando al punto de creerme único, intocable, irrepetible…
¡Era el nuevo Mario Benedetti!
Pero, si fue fácil subir… Seria aun mas fácil bajar